Cien historias, cien extraños

Todavía

Que mal te debes de sentir, que feo ser vos. Teniendo a alguien como yo, pensándote todo el tiempo. Hay momentos en el que me pasas tan inadvertido, que vivo un poco más feliz. Hay otros, sin embargo, que no puedo estar un día sin que tu rostro pase en imágenes amenazantes por mi cabeza, y te odio. Pero más me odio yo, no hay dudas.
¿Qué hiciste? ¿Qué hice? ¿Qué pasó? Si tuviese un ápice de coraje, te lo preguntaría con mucho gusto, y seguiría mi vida con la aclaración de una respuesta. ¡Pero qué cobarde, qué egoísta! Prefiero vivir con la duda e imaginar el mejor de los casos, para alimentar el morbo amoroso de mi mente que pide a gritos un amor que, querido, nunca fue. ¿O sí?
Algunas veces creí verte por la calle, caminando, pasando por al lado mío, y sentí como era, poco a poco, despojada de todas las capas de cordura e indiferencia que tanto me costó crear. Pero al segundo en que el extraño tan parecido demostraba no ser vos, me recomponía. Y luego volvía a caer. Esta vez preguntándome si te pasó alguna vez lo mismo, si sufriste alguna vez así como yo. Conmigo, o con otra. ¿Pero lo hiciste? ¿Conmigo?
Hace mucho te dije que te quería, y respondiste que vos también. Después de un tiempo te lo repetí de nuevo, y respondiste lo mismo. ¿Qué responderías si te lo digo ahora, después de tantos años? Me creerías loca, y, querido, seguramente lo estoy.
Hay mucho que podrías hacer para que esto termine, ¿pero puedo hacer algo yo por vos? Estoy segura de que no se te cruza por la mente ni mi nombre, y espero no lo haga, porque si lo hace, solo lo asociarías a algo malo, y no quiero ser eso.
Yo te hacía sonreír, ¿lo olvidaste?
Vos todavía me haces sonreír a mí.


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Todavía - 
(c) - 
V. J. Bernal 

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