Cien Historias, Cien Extraños

Puedes hacerle el amor a tus errores

Lo notaba en sus ojos. Era así de obvio. Sin embargo intentaba convencerse de que era su imaginación. Pero una capa por debajo de eso sabía que era en vano incluso intentarlo.
¿La quería? ¿La estaba utilizando?
Él: un sueño adolecente en su vida. La perfección haciéndole el enorme favor al pasar la noche a su lado.
Ella: nadie. La desconocida que respondía al llamado nocturno con ese idiota entusiasmo infantil que debería darle vergüenza.
¿Por qué se quedaba? La confundía. Pero más lo hacía cuando se marchaba y tardaba meses en hacer otra aparición. Y todas aquellas veces… ella caía a sus pies.
Las lágrimas tendían a subir a sus ojos ante la imagen del hombre con otra, ocupando su lugar; ese minúsculo papel secundario al que se aferraba con su vida. Dolía el hueco en el pecho que tiempo atrás le habían provocado. Ciega y tonta, confiaba en que él llenara el vacío.
Pero las mentiras no tienen peso, el amor de un rato se esfuma dejando herida como humo tóxico y en las noches en las que él no estaba, aquel agujero parecía mayor.
¿Valía la pena el tiempo casi eterno de angustia por un par de horas de alegría?
No.
No lo hacía.
Aunque no dejaría que nada se note, ni tampoco pararía esta locura.
Prefería la herida y la tortura a no verlo más. Romperse en mil pedazos cuando la soledad la atacaba a no tener jamás otro de sus besos.
Estaba más que claro en sus ojos. No la quería.


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Puedes hacerle el amor a tus errores - 
(c) - 
V. J. Bernal 

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